Ciudad de Mexico, 17 de abril de 2026.- El Ministerio de Ambiente de Colombia anunció esta semana un plan para sacrificar al menos 80 hipopótamos, especie invasora introducida por el narcotraficante Pablo Escobar en los años ochenta. La operación, que se llevará a cabo durante el próximo semestre, supondrá un costo superior a los 7,000 millones de pesos (casi dos millones de dólares).
La decisión busca controlar una población que, descendiente de los animales originales traídos por Escobar, se ha multiplicado hasta alcanzar cerca de 200 individuos. Investigadores del Instituto Humboldt advierten que, sin medidas de control, la cifra podría superar los 500 ejemplares en 2030 y alcanzar el millar en 2035.
Los hipopótamos carecen de depredadores naturales en Colombia y su presencia amenaza especies en peligro como el manatí, nutrias y chigüiros. Además, alteran los ecosistemas acuáticos al incrementar la carga de materia orgánica. Germán Jiménez, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana, señaló: “Se trata de una especie invasora que cambia sustancialmente las condiciones de los ecosistemas, afectando la biodiversidad y los servicios ecosistémicos”.
Para ejecutar la eutanasia se requiere un equipo de entre cinco y ocho personas. Jiménez precisó que “la eutanasia no es una medida fácil ni barata como a veces se cree; es también compleja, costosa y requiere un alto rigor técnico”, agregando que los recursos necesarios son “los mismos que para esterilizarlos”. El experto también alertó que “incluso la eutanasia tardaría al menos diez años en empezar a mostrar efectos reales sobre el tamaño de la población”.
La medida ha generado debate político. La senadora animalista Esmeralda Hernández, del partido oficialista Pacto Histórico, cuestionó la decisión: “Todos estamos de acuerdo en la gravedad de la situación, pero esta decisión tiene implicaciones éticas y sociales profundas”. Hernández añadió que no se puede “celebrar que esté bien matar a un animal simplemente por nuestra inoperación” ni “mandar el mensaje de que todo se resuelve matando animales”.
“Los hipopótamos no son responsables de estar en Colombia, sino que son consecuencia de decisiones humanas que hoy el Estado debe gestionar de forma ética”, afirmó la legisladora. Por su parte, Jiménez recordó la complejidad social del conflicto: “Hay comunidades que llevan 30 años conviviendo con estos animales y, o bien dependen del turismo asociado, o viven con miedo”, refiriéndose a zonas como Puerto Triunfo y Doradal en el Magdalena Medio.
