La comunidad internacional respira este martes bajo una tensa calma luego de que los gobiernos de Irán e Israel confirmaran un cese temporal a las hostilidades directas. Las alertas globales se encendieron el pasado fin de semana tras un agresivo intercambio de misiles de largo alcance: Teherán lanzó cerca de 30 proyectiles contra la base aérea de Ramat David en respuesta a un ataque previo israelí contra un bastión de Hezbolá en Beirut. A pesar de que ambas potencias militares aseguraron que las operaciones inmediatas están contenidas y que no se reportaron víctimas fatales de forma directa, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, advirtió que responderá con “toda la fuerza” si Irán reanuda los ataques. Este escenario de relativa desescalada provocó una inmediata reacción positiva en los mercados financieros, estabilizando los precios internacionales del crudo y permitiendo la reapertura del espacio aéreo en Teherán.
Sin embargo, el optimismo se vio ensombrecido por un grave incidente militar en el Estrecho de Ormuz, la vía fluvial más crítica para el suministro energético del planeta. El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmó el derribo de un helicóptero de ataque AH-64 Apache de la Armada estadounidense que realizaba tareas de patrullaje cerca de las costas de Omán. El presidente Donald Trump declaró esta tarde que la aeronave fue derribada presuntamente por un dron de combate de las fuerzas iraníes; no obstante, calificó la situación de controlada al confirmar que los dos pilotos se encuentran a salvo y sin heridas de gravedad tras protagonizar un rescate histórico. Por primera vez en la historia militar de los Estados Unidos, la extracción de los soldados en mar abierto fue realizada de manera autónoma por un dron marino de superficie (Corsair), operado por la Task Force 59 de la Quinta Flota. A pesar de que Trump ha mostrado intenciones de sostener la mesa de negociaciones de paz para reabrir el estrecho, sentenció que la Unión Americana “tendrá, por necesidad, que responder a este ataque”.
