Dos estudios recientes, publicados en la revista Science, indican que los mecanismos biológicos que permiten a ciertos animales entrar en un estado de latencia podrían estar codificados, aunque inactivos, en el genoma humano. Los resultados, liderados por científicos de la Universidad de Ciencias de la Salud de Utah (Estados Unidos), abren nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos contra enfermedades como la diabetes tipo 2 y trastornos asociados al envejecimiento.
Adaptaciones extraordinarias en los animales latentes
Los animales que entran en un estado de latencia muestran capacidades fisiológicas notables: sobreviven durante meses sin ingerir alimentos ni agua, mantienen su masa muscular intacta y reducen su temperatura corporal a niveles cercanos al punto de congelación. Además, su metabolismo y actividad cerebral disminuyen drásticamente, casi hasta detenerse.
Lo más sorprendente, según los investigadores, es que al despertar de la latencia estos animales logran revertir alteraciones fisiológicas que en humanos se asocian a enfermedades como la diabetes tipo 2, el Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares.
El equipo identificó un conjunto de genes —conocido como locus de masa grasa y obesidad (FTO, por sus siglas en inglés)— que desempeña un papel clave en estas capacidades adaptativas. Este mismo grupo de genes está presente en los seres humanos y, de hecho, constituye uno de los principales factores genéticos de riesgo para la obesidad.
Una regulación genética distinta
A diferencia de los humanos, los animales latentes parecen utilizar sus genes FTO de manera distinta, activando mecanismos que les permiten almacenar grandes cantidades de grasa antes del invierno y luego consumirlas lentamente como fuente de energía durante la hibernación.
Los investigadores descubrieron regiones específicas del ADN, situadas cerca del locus FTO, que actúan como reguladores de la expresión genética. Estas secuencias no codifican proteínas, pero influyen sobre genes cercanos —como un director de orquesta que modula la intensidad de cada instrumento— activándolos o desactivándolos según sea necesario.
Lo notable, señala la coautora Susan Steinwand, es que una sola de estas regiones reguladoras puede provocar efectos amplios que van mucho más allá del gen FTO, lo cual podría tener implicaciones profundas en la biología humana.
Implicaciones médicas y futuras aplicaciones
Comprender cómo los animales latentes modulan su metabolismo podría ofrecer claves para diseñar nuevas terapias contra enfermedades metabólicas, neurodegenerativas y relacionadas con el envejecimiento. De hecho, estos animales han demostrado la capacidad de evitar la atrofia muscular, mantener la salud cerebral, resistir fluctuaciones extremas de peso y prolongar su longevidad.
“Existe la posibilidad de que, al comprender estos mecanismos relacionados con la hibernación en el genoma, se puedan encontrar estrategias para intervenir y ayudar con las enfermedades relacionadas con la edad”, afirmó Chris Gregg, autor principal de los estudios. “Si ese potencial está oculto en nuestro ADN, podríamos aprender de los animales hibernantes para mejorar nuestra propia salud”.
